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sábado, 6 de julio de 2013

Conflicto estudiantil, participación y Gobernanza universitaria en unaperspectiva sustentable.

Documento escrito por Rodolfo Jiménez, Académico y Presidente de la Asociación de Académicos de la USACH.




Bajo este título la Asociación de Académicos convoco a una reunión para debatir desde una perspectiva académica algunas preguntas sobre lo que está detrás del rito del paro y la toma, acto donde los estudiantes quedan de un lado de la muralla y los académicos y funcionarios del otro. Decimos rito, porque un rito es un acto repetido invariablemente, con arreglo a algunos códigos conocidos. Desde el retorno a nuestra imperfecta democracia por los años 90’ del siglo pasado, han variado los contenidos pero las formas permanecen casi invariables, como estática e invariable permanece la institucionalidad universitaria.

Con nuestra reunión, no buscábamos ponerle una fecha de término al conflicto ni ofrecer respuestas a cómo salir de él, sino más bien indagar en este fenómeno que ocurre al interior de nuestro campus y que no se puede explicar completamente a partir de las causas externas como lo son la lucha de los estudiantes por una educación pública, gratuita, laica y de calidad. De nuestra conversación surgió una suerte de diagnóstico que he complementado con algunas reflexiones personales y que comparto en este texto.

En distintos momentos del conflicto actual, desde que se inició con el “Pingüinazo” del 2006 y recupero sus bríos con las movilizaciones de 2011 , han existido declaraciones de consejos de departamento, facultad, consejo académico y de la autoridad superior de la Universidad expresando solidaridad y apoyo a las reivindicaciones del estudiantado.  Pero si manifestamos nuestra adhesión ¿Por qué nos dejan del otro lado de la muralla?, ¿Será que no nos creen? se preguntaran los estudiantes ¿Dónde y en que estamos los académicos mientras ellos luchan por todos nosotros? ¿Qué estamos pensando y que estamos haciendo los académicos mientras los estudiantes se movilizan? La respuesta la tenemos cada cual, algunos como me expresara un destacado académico de una Universidad hermana, “feliz, es como si me hubieran otorgado un semestre sabático, al fin puedo avanzar para terminar un libro que tenía a medio camino”, otros terminado una investigación o formulando otra, preparando un FONDEF, un FONDART,  haciendo un informe, poniéndose al día con algunas lecturas, participando fuera del campus en alguna tarea, reunión y suma y sigue, tratando de sortear con normalidad lo que a todas luces no es normal.

¿Será un sino fatal e inevitable? ¿Será que hemos naturalizado el conflicto (y la manera como se enfrenta y resuelve) como condición de nuestro sistema educativo?
Pensamos que no, si bien es cierto que detrás del conflicto Universitario están todos los problemas que nuestra sociedad no ha resuelto respecto de la educación, para explicar lo que sucede en nuestra Universidad debemos mirar de frente en lo que como institución no hemos resuelto, esto es el marco regulatorio de nuestra convivencia que permanece casi exactamente igual como nos lo dejará la dictadura militar (DFL nº149 de 1981).

Buscando como conceptualizar la situación en que nos encontramos, cobra sentido el enfoque de la governanza, concepto utilizado en la actualidad para definir los problemas vinculados al proceso mediante el cual los actores de una sociedad o comunidad aportan con su capacidad para definir el sentido y dirección de su organización. 

Lo nuestro no es un problema de Gobernabilidad como algunos pudieran pensar, donde la gobernabilidad está definida por la habilidad del gobernante para gobernar, y como la capacidad de los gobernados de procesar y aplicar institucionalmente sus decisiones políticas. La gobernabilidad así entendida alude más al poder de toma de decisiones por parte de un gobierno y a su capacidad de ejercer la autoridad para ponerlas en práctica. 

La gobernabilidad tiene un sesgo donde se privilegia la acción de quien gobierna; es decir, es la capacidad de la autoridad para decidir las cuestiones fundamentales, para mantener el equilibrio en las relaciones sociales, decidir las prioridades de gobierno y lograr el acatamiento de sus disposiciones por parte de los miembros de la sociedad. Esto se puede resolver fácilmente desde una perspectiva autoritaria y en Chile se garantizó la gobernabilidad con el uso de la fuerza por 17 años.

Cuando pensamos que el problema de la Universidad es de Gobernanza, estamos pensando en sentido totalmente opuesto al del autoritarismo, estamos pensando en un modo de convivencia con un marco regulatorio que emerge de la comunidad y es el resultado del esfuerzo conjunto de interacción de todos los actores intervinientes, que en lo interno son los académicos, los estudiantes, los funcionarios y profesionales y en lo externo es el Estado, la sociedad civil en sus distintas expresiones.

La Gobernanza requiere que las reglas del juego, el marco regulatorio del sistema Universitario sea el medio a través del cual los actores puedan actuar e intentar utilizar estas reglas  de acuerdo  con sus propios intereses y objetivos sin que esto implique descalabros institucionales en esto radica la sustentabilidad de un sistema de gobierno.

La Gobernanza Universitaria es un ámbito de reforma complejo que engloba muchos aspectos de los sistemas de educación superior y de sus operaciones diarias, como por ejemplo la gestión de recursos humanos, el financiamiento, el control de la calidad, la planificación curricular, las comunicaciones corporativas, el acceso y la internacionalización.

En la Universidad ¿Qué buscamos? ¿Gobernabilidad Gobernanza? O ¿Qué?

¿Por qué los estudiantes optan por prolongados paros y ocupación de la Universidad? Es cierto que las demandas de carácter nacional y estratégico solamente han sido posibles de instalar en el escenario político a través de grandes movilizaciones, principalmente en la calle, pero cuando se trata de los petitorios internos, no existen los cauces cotidianos que permitan dar expresión a las legítimas aspiraciones de las partes integrantes de la comunidad anticipándose a los conflictos.

La participación que hoy tienen los académicos, estudiantes y funcionarios en los cuerpos colegiados de la Universidad en el mejor de los casos es una dádiva que “generosamente” es concedida por una autoridad “benévola”, y en ningún caso constituye el ejercicio de un derecho consagrado en el orden jurídico establecido (no existen estatutariamente cuerpos colegiados resolutivos). En este orden de cosas resulta muy importante comparar que es lo que decía el Estatuto Orgánico de la Universidad Técnica del Estado del año 1971, lo que dice el Estatuto Orgánico de la Universidad de Santiago de Chile del año 1981 y lo que se propone en el proyecto de Estatuto Orgánico plebiscitado en el 2008.

Estatuto Orgánico de la Universidad Técnica del Estado decía en su “Título I Disposiciones Generales, Artículo 1.o.- La Universidad Técnica del Estado es una comunidad democrática y autónoma de trabajo creador destinada a conservar y desarrollar los bienes del saber y de la cultura por intermedio de la investigación científica y tecnológica, la creación artística, la docencia superior y la extensión. En el cumplimiento de estas funciones la Universidad debe contribuir a crear una conciencia crítica y una decisión de cambios para construir una nueva sociedad.”

El Estatuto Orgánico de la Universidad de Santiago de Chile en el Título I Disposiciones Generales se señala en el “Artículo 1º La Universidad de Santiago de Chile es una persona jurídica de derecho público; independiente, autónoma que goza de libertad académica, económica, administrativa y que se relaciona con el Estado a través del Ministerio de Educación”, en el artículo 2º se agrega que … “es una institución de educación superior, de investigación, raciocinio y cultura, que en el cumplimiento de sus funciones debe atender adecuadamente intereses y necesidades del país, al más alto nivel de excelencia”.

Particular atención hay que poner en el artículo 6º donde se señala … “no puede amparar ni fomentar acciones o conductas de sus funcionarios y estudiantes que sean incompatibles con el orden jurídico instituido, ni permitir que los recintos universitarios se utilicen para realizar actividades  orientadas a propagar directa o indirectamente tendencia política partidista alguna”. Más adelante se agrega que …”toda contravención a lo que se establezca en este artículo será considerada falta grave y sancionada disciplinariamente”.

En el proyecto de Estatuto Orgánico plebiscitado en el 2008 en el título I “Del nombre, naturaleza jurídica, fines, domicilio, ámbito de acción y patrimonio”, en su artículo 4º se dice que “El quehacer de la Universidad de Santiago de Chile debe estar al servicio de la sociedad, estimulando el desarrollo de la conciencia crítica, el compromiso con el desarrollo social y democrático, la libertad de expresión y la preservación de los bienes del saber, de la cultura y el entorno natural”.

La conclusión sobre el carácter democrático y transformador de la sociedad del estatuto de la UTE y el carácter autoritario y antidemocrático del estatuto de la USACH, resulta del todo evidente. Respecto del proyecto de estatuto plebiscitado en el 2008, éste recoge parte del espíritu democrático del del año ´71 desde una perspectiva menos comprometida con el cambio social, no obstante esto, constituye el mayor esfuerzo democratizador que se ha conseguido aprobar como una alternativa de remplazo del estatuto dictatorial.

Si consensuamos que la democracia ha sido la innovación política  más importante creada por la humanidad, con todo lo imperfecta que podamos encontrarla, también podríamos consensuar que una verdadera democracia es liberadora, porque nos libera del temor de ser sometidos por déspotas o dogmas institucionalizados, sean estos de carácter político o religioso. 

La democracia la entendemos entre otros aspectos como el sistema en el cual el origen y la legitimidad del poder radican en la comunidad que otorga y puede restringir y controlar el poder que ha delegado en alguna autoridad. Lo importante de la democracia es su valor intrínseco porque da legitimidad a los conceptos de igualdad  de libertad, dignidad, respeto por los derechos humanos, como valores sobre los que hay que trabajar, la importancia de la democracia no es de orden pragmático, no radica en los beneficios que otorga.

Porque la democracia es la gran promesa civilizatoria como forma de convivencia entre los seres humanos que debiera permitir condiciones de vida equitativa, justa, con derechos garantizados para el desarrollo pleno de todos los miembros de una sociedad, sin discriminación de ningún tipo, donde libre y asociadamente podamos decidir sobre nuestros destinos.

Cuando pensemos en lo que le sucede la universidad, no podemos de dejar de pensar en lo que le sucede al país, cuando las tomas y los paros prolongados molestan nuestro quehacer académico debemos pensar en los torniquetes institucionales que asfixian y no permiten que fluyan las aspiraciones democratizadoras que surgen desde la sociedad.

Hoy por hoy el modelo de educación superior imperante, impuesto (o sugerido como se quiera entender) por el FMI, el Banco Mundial y ahora la OCDE tiende a dividir las universidades en dos castas, por una parte, un pequeño núcleo de investigadores altamente calificados y despolitizados produciendo papers para revistas indexadas, en los cuales se ponen los incentivos monetarios y de prestigio -los cuales serían garantes de calidad-  y por otra parte un amplio contingente de obreros de la docencia (en la USACH, se les llama “colaboradores de la docencia”) corriendo para hacer clases de una universidad a otra y desprovistos de los derechos y beneficios que gozan los primeros.

En este escenario, y respecto de éste tema, resulta lamentable la pereza en la nos hemos sumergido en el mundo académico, es lamentable la falta de reflexión y acción sobre el modelo de educación superior que tenemos, sobre la necesidad de democratizar y repensar nuestras propias instituciones, es lamentable que con nuestra pereza se tienda a eternizar una institucionalidad  no sólo no democrática, sino que abiertamente anti-democrática.  Seamos benévolos con nosotros mismos, pensemos que es solamente pereza lo que nos ocurre, la pereza puede ser expresión de cansancio… lo peor sería pensar que fuera más que una simple flojera.

¿Qué tal si nos ponemos a pensar sobre la Gobernanza en las Universidades Chilenas?

Rodolfo Jiménez Cavieres
Presidente Asociación de Académicos
Universidad de Santiago d Chile

05 de julio de 2013