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lunes, 19 de agosto de 2013

Mitos sobre calidad y gratuidad en educación superior

Imágen publicada por La Tercera
Por Claudia Sanhueza
El martes 13 la economista Claudia Sanhueza publicó una documentada columna en el diario La Tercera en la que analiza en forma comparativa el modelo de financiamiento de la Educación Superior en diversos paises y concluye que el modelo de financiamiento privado, de los cuales Chile, Corea del Sur y Estados Unidos son los principales exponentes, no conduce a mejorar la calidad. 
Se han estado elucubrando algunos mitos con respecto a problemas que tendrían los sistemas gratuitos de educación superior. Entre ellos se ha afirmado que tienen altas tasa de deserción, baja producción científica y se encuentran desfinanciados.
En esta columna mostraremos que no existe evidencia para afirmar nada de esto. Más aún, la evidencia indica que es nuestro sistema de educación superior el que posee malos indicadores en varios ámbitos, y que urge una reforma significativa de éste. Mostraremos, además, de qué forma podemos esperar que un sistema de educación superior diferente, en el que la educación es un derecho social, se podría transformar en un cambio positivo y profundo en la forma por la cual la educación en este nivel se produce y desarrolla.

En un reciente reporte de la OCDE que compara las tasas de deserción a nivel terciario se concluye que no hay un link entre sistemas con aranceles y tasas de deserción (ver gráfico que muestra la proporción de estudiantes que entraron a educación terciaria que no se graduaron.) De hecho, el país con mayores tasas de deserción es Estados Unidos, que junto a Corea del Sur y Chile, son los países donde más mercantilizada está la educación superior. Y entre los países con menores tasa de deserción están Finlandia y Dinamarca, países en donde es completamente gratuita.




En cuanto a la producción científica el tema es más “tricky”, ya que Estados Unidos es uno de los países con mayor producción científica del mundo. Por ende, alguien podría creer, erradamente, que es por el “sistema de mercado”. El profesor Howard Hotson de la Universidad de Oxford y presidente de la Sociedad Internacional de Historia Intelectual, escribió el año 2011 un libro llamado “Don’t Look at the Ivy Tables” en el cual comparó profusamente y en forma correcta el sistema de educación superior universitario norteamericano y británico, concluyendo, entre otras cosas, que la competencia de mercado en los Estados Unidos ha hecho aumentar las tasas de matrícula en las universidades privadas y con ello desviado recursos necesarios para mantener buenas universidades públicas.
Además, se desvía una porción enorme de desperdiciados recursos de las prioridades académicas para mejorar la “experiencia del estudiante” y se degradan las “credenciales académicas” a través de una inflación impulsada por el mercado de “títulos” (cualquier parecido con nuestra realidad es pura coincidencia). El sistema universitario parcialmente privatizado en Estados Unidos no es “lo mejor de lo mejor”. Es más, en cuanto a la relación calidad-precio, el sistema británico es significativamente mejor concluye el autor. Observando una simple gráfica hecha con datos de la OCDE tenemos el número de publicaciones en artículos científicos y tecnológicos per cápita por país. Podemos notar que tampoco hay un relación entre mercado con aranceles y producción científica. Es más, entre los países con mejores tasas de producción científica se encuentra de nuevo Finlandia y Noruega, otra vez sistema públicos gratuitos.






Con respecto al desfinanciamiento, lo que podemos afirmar es lo siguiente: Estados Unidos, Corea del Sur y Chile son los que tienen un porcentaje más alto de gasto total en educación superior (sumando público y privado). Este alto gasto no quiere decir que el resto de los sistemas esté desfinanciado y en crisis, sino que estos tres países están pagando un alto precio por sistemas de educación superior mercantilizados y desregulados en donde la mayor proporción de los estudiantes están comprando cartones de dudosa calidad a tasas de endeudamiento insostenibles.  Así lo muestra el alto porcentaje del gasto total que se financia con gasto privado (Ver gráfico adjunto). El problema llega a tal nivel en Estados Unidos que varios ya temen que se genere otra crisis estilo “subprime”, ahora no por endeudamiento en títulos de propiedad inmobiliarios sino en títulos universitarios.




 

En definitiva, el modelo chileno de educación superior no es un modelo a seguir, más bien es un modelo a reformar profundamente.

La educación superior se entiende como un bien cualquiera que se compra y se vende en un mercado desregulado con varias empresas productoras en el que claramente hay libertad de emprendimiento en el sector (Aplaplac). Como en todo mercado se produce segregación y desigualdad. Hay quienes pueden pagar mucho y acceden a una institución cerca de su casa y bastante cara, y otros, con menos recursos, irán al centro de la ciudad a buscar una alternativa más barata.

Todo ellos, lamentablemente, no tienen ninguna garantía de calidad. Legalmente hablando se supone que las universidades no buscan lucro. Sin embargo, se comportan como sí lo hicieran. Se abren instituciones y carreras a diestra y siniestra, varias lejos de los estudiantes de menores recursos, ya que están siguiendo a la “demanda”. Mientras las instituciones públicas estatales hacen lo que pueden para “competir” en este mercado e intentan preservar la calidad.

Cuando se habla de “avanzar a la gratuidad universal” se habla de financiar el gasto en educación superior de manera solidaria y junto con eso tener en el sistema solamente instituciones de calidad que estén al servicio de “educar” enriqueciendo la “experiencia del estudiante”, haciendo investigación y generando conocimiento. Estamos hablando de generar un sistema de educación real, no uno en el cual se vendan cartones “caros” en fábricas de profesionales de calidad desigual, segregados y sin sentido.



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