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jueves, 3 de octubre de 2013

Prueba SIMCE: “Se ha convertido en uno de los pilares de la educación de mercado”

Diario Uchile
Un amplio grupo de investigadores y académicos, de diversas Universidades, firmaron un documento en el que se hace un diagnóstico sobre el Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE), prueba que periódicamente mide el nivel de las escuelas. Acusando tres principales problemas en la medición, la campaña que se inicia asegura que la prueba “se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la educación de mercado”.

El documento parte por reconocer que la ya tradicional prueba ha sido un útil generador de información, para generar diagnósticos y relevar inequidades; pero que al pasar a ser el centro del sistema educativo, se convirtió en un elemento dañino.

Uno de los primeros problemas es la reducción de contenidos, “una visión estrecha de la calidad de enseñanza”, según detalló la última premio nacional de Educación, Beatrice Ávalos.


En este sentido, la académica de la Universidad de Chile explicó que “los profesores se sienten forzados casi a orientar su enseñanza en torno a lo que demanda el SIMCE y desde una perspectiva la Prueba SIMCE reduce el currículum de enseñanza a cuatro áreas principales que es Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Matemáticas y Lenguaje. Nos discutimos que esas sean áreas fundamentales para la formación de un buen ciudadano, pero la educación es un poco más que eso y por tanto una visión estrecha de la calidad de la enseñanza”.

Junto a esto, la alta cantidad de mediciones que se hacen (segundo, cuarto, octavo, segundo medio año y las pruebas internacionales), afectan negativamente la vida de la comunidad, tanto para profesores como alumnos.

Beatrice Ávalos, destacó finalmente, lo especialmente nocivo que resulta la clasificación, el aumento de la desigualdad y segregación.

Por esto, la investigadora especializada en temas de educación detalló que “cuando se clasifican las escuelas encontramos los que están arriba, los que están en la parte media y los que están abajo. Así, los que están abajo van siendo casi siempre las escuelas donde asisten los niños más pobres, los niños más vulnerables y ellos ven que su vida está marcada por una educación que aparece no ser buena, porque así lo han clasificado y que además los padres van a tratar de sacarlos en la medida que puedan y pagar un particular subvencionado a esos niños que aparecen no teniendo buenos resultados”.

Es por esto, que para la académica se debe convertir el SIMCE en una prueba muestral, realizada sólo cuando sea crucial. Paulina Contreras, psicóloga del colectivo Una Nueva Educación y coordinadora de la campaña ALTO Al Simce (http://www.alto-al-simce.org/), es necesario relevar el debate.

En esa línea, la psicóloga indicó que “nos parece que no se ha hablado lo suficiente del SIMCE es algo que está naturalizado que está ahí y año tras año vemos que aparecen en la escuela ranking de escuelas en función del SIMCE, pero no hay una discusión profunda a nivel de opinión pública de para qué sirve y qué daños produce el SIMCE. Nuestro primer objetivo es poder tener esta discusión sobre la mesa. A varios de nosotros nos parece que el SIMCE no es una buena herramienta para mejorar la educación en Chile”.

A juicio de la psicóloga de nuestra casa de estudio, esto debería derivar en una revisión profunda del sistema de evaluación: “Hay quienes dicen que se debería reformar la Prueba y otros creemos que en verdad lo que se debe hacer es reformular la concepción de la evaluación de la educación, que es algo mucho más complejo que simplemente mejorar una prueba o cambiar algún mecanismo de aplicación de la Prueba. Nosotros llamamos a revisar el sistema de evaluación más que reformulara el SIMCE propiamente tal”.

En resumen, la campaña busca que estudiantes, apoderados, profesores, académicos y políticos “saquen la voz para frenar la implementación y uso actual del SIMCE”, convencidos de que el sistema “se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de la educación de mercado y tiene consecuencias nefastas para los actores educativos y las escuelas”.

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