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miércoles, 7 de septiembre de 2016

Obedecer y cumplir

por Hernán Neira, publicado en La Tercera el 31-08-2016
Sra. Ministra:

Por fin llegó quien se atreviera a proponer con valentía y clarividencia lo que debió haberse hecho el mismo año 1973: eliminar Filosofía. Me explico:

1. Educación Cívica no es lo mismo que Filosofía. No. Educación Cívica tiene otros fines. Fácilmente se convierte en lo que, en época del Generalísimo Franco –ese que hubo en España, no vaya Ud. a confundirse con otro generalísimo- se llamaba “Formación del Espíritu Nacional”. Se inculcaba entonces a los jóvenes los valores del nacionalismo, de la disciplina, de la obediencia, del respeto a las autoridades, la sumisión laboral y el comulgar como principal cumplimiento de las obligaciones religiosas. Fruto de ello, votaban silenciosamente –sin esas bulliciosas manifestaciones- entre los candidatos que previamente la Falange Nacional, partido único de entonces en España, había preseleccionado. Se entiende: la patria es una, y una debe ser la Educación Cívica, sin disensiones, sin distintas perspectivas. Los pluralismos de la filosofía, sus disquisiciones sobre la verdad, sobre la honestidad, sobre la verificación de una prueba, sobre el sentido de la vida, sobre la justicia y la legitimación del poder son completamente inútiles e innecesarios. Lo que necesitamos es obediencia y producción, y eso se consigue con una educación cívica bien entendida, sin ningún ramo de filosofía que le haga sombra.

2. Porque, en contraposición a la educación cívica, la filosofía no acepta disciplinas, sino razones; no acepta que la patria tenga un espíritu nacional, sino varios, y lo crea en la discusión; la filosofía tampoco tolera disciplina (excepto la del estudio), y cuestiona el contenido y fondo de la obediencia ciega, porque ama la libertad. Educación Cívica, a diferencia de Filosofía, la impartirán personas que tengan certezas y no dudas, quienes enseñarán lo que hay que hacer y obedecer, todo lo contrario de lo que enseñan los filósofos.

3. No nos gusta la filosofía: con esa libertad no se puede vivir. Necesitamos seguridades, verdades que nadie dude, jefes que sigamos ciegamente, como en otros tiempos, cuando tuvimos uno que habló desde Chacarillas y todos estuvimos de acuerdo con el programa que proclamó allí: la constitución que nos rige.

4. La filosofía, como usted sabe, ha sido causa del debilitamiento de las principales verdades de nuestra época. La filosofía sirvió de base para que Galileo propusiera que la Tierra giraba alrededor del sol; la filosofía, por medio de Bartolomé de las Casas, rechazó la esclavitud de los americanos; la filosofía, por medio de Leopoldo Zea, reclamó para América Latina en lugar en la historia universal, que hasta entonces los europeos entendían como sólo de ellos; la filosofía, por medio de Simone de Beauvoir, reclamó que la mujer no era un objeto, sino un sujeto vivo; la filosofía, por medio de Donella y Dennis Meadows, detectó que la Tierra no soporta el incremento indefinido de la producción sin destruir al planeta y destruirnos nosotros; la filosofía, por medio de Félix Schwartzmann (a quien su ministerio le dio el Premio Nacional), nos hizo comprender a América. Como ve, viviríamos mejor sin filosofía. Como ve, también la filosofía es, más que una profesión, una práctica que debe ser erradicada.

5. Sigamos: eliminar la filosofía es la única forma de mantener nuestro sistema político. Como Ud. sabe, nuestros candidatos salen todos de mismo molde, lo que facilita el rodaje de la máquina política y de la máquina económica, tan bien aceitada por legítimos estímulos en dinero. Si Ud. permite que se discuta la representación –como hizo ese filósofo francés llamado Rousseau, que promovía asambleas fundantes-, los jóvenes, llegados a los dieciocho años, buscarán candidatos de sus propias filas y querrán algo peor: participación. Y, como Ud. sabe, cuando se participa, no se requiere representantes, menos si son candidatos prefabricados con modelo único.

6. Piense también, señora Ministra, que es por intromisión de la filosofía que se ha dejado de creer en la legitimidad, entre otras, de: La Ley de Pesca, las Ley del Litio; la Ley Reservada del Cobre; la ley de ISAPRES; la Ley Laboral; la Ley de Universidades; y es también por la filosofía que ya no creemos en su Ministerio, que siempre debió haber fiscalizado el lucro en las universidades. Y sigo: por intromisión de la filosofía no creemos en la clase política; ni en nuestros representantes.

Señora Ministra: tiene Ud. razón en eliminar Filosofía, ramo pérfido e inútil. Nuestros compatriotas, por ella, se preguntan cada día más por el sentido de la vida y quieren volver a ser humanos, hartos de ser consumidores de bienes materiales e inmateriales, como Educación Cívica. Siga Ud. el ejemplo de los atenienses, que con justicia condenaron a morir a Sócrates, por atreverse a cuestionar la educación cívica que impartían los sofistas –al servicio del dinero y del poder. Condene usted, en la República de Chile, a muerte a la filosofía, para acabar de una vez con la última resistencia y culminar así la tarea inconclusa del año 1973: obedecer y producir. ¡Cuánto la recordaremos!

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